Tras el accidente del tren Alvia cerca de Santiago, la comparecencia ayer de los presidentes de Adif y RENFE y a la espera de que hoy, la ministra de Fomento haga lo propio ante la comisión del Parlamento, me sorprende el cinismo con el que los máximos responsables de ambas empresas se desprenden de las preguntas acerca de qué se podría o no haber hecho para evitar la tragedia.

Por un lado, siempre es fácil resguardarse tras los documentos, protocolos, manuales, guías y demás indicaciones que, gracias a la cultura de la calidad, quedan registrados. Independientemente del uso o no que se haga de dichos documentos (que en ocasiones puede ser inabarcables), existen otro tipo de circunstancias (en forma de presiones explícitas o no) que pueden tener más peso que los documentos a la hora de tomar una decisión o de tener la calma para poderla tomar.
Se ha hablado, por ejemplo, de que los conductores pueden perder primas por llegar tarde. ¿Alguien se ha preguntado por qué, si el tren lleva los tiempos cronometrados, ese tren llegaba tarde a su destino?

Por otro lado, las intervenciones de los presidentes pasaban del ‘cumplimos con todas las normativas mínimas’ al  ‘analizaremos qué se puede hacer para evitar otra tragedia’, lo que me parece un reconocimiento explícito de que algo más se podría haber hecho. De hecho, el sistema de control de la velocidad que no estaba en marcha (porque no lo exigía la normativa), desde el día siguiente está operativo (porque ahora sí se recoge en la norma…).
Y esto me lleva a pensar que quizá:

  • pasan recado a la clase política para que se replanteen las normativas y, así, justificar mayores presupuestos para adaptarse a ellas.
  • se iniciarán análisis, auditorías (más documentación, protocolos,…) para implementar nuevas mejoras al trazado (por lo que será necesario mayores presupuestos para ellas).

Como profesional, siempre he defendido que no se debe dar un dictamen de validez a algo que no lo tiene. Y si no queda más remedio, se debe buscar la forma de dejar constancia de ello, aunque al final se ponga en marcha por la decisión de alguien de mayor rango.
No quiero quitar la responsabilidad (si la tiene) del conductor. Es algo que se deberá analizar con calma, aunque me temo que encontraron demasiado pronto una cabeza de turco con la que tapar el problema.