Alegoría de la carretera de la montaña

He visto esta reflexión de Juan Masiá que me ha llamado la atención por lo gráfica, por lo sencilla… por lo evidente. Conocí a Masià este año y me sorprendió por lo sencillo de su diálogo, de su persona… por su mirada ilusionada, tranquila.

Me gusta, sin embargo, más en un sentido personal (por las diferentes opciones que cada cual puede tomar) que por lo general… aún a pesar de parecer de la tercera vía. Pero creo que no. Necesito mucho más hablar de lo que veo, de lo que siento…

Me interesa mucho más pensar en mi forma de construir, de crear comunidad, de servir de medio para la liberación… A principio de año, las personas con las que comparto la fe hablamos de afianzar nuestra opción, de hacerla más consciente, más sincera, más comunitaria… Y nos proponíamos tomar la mochila siempre y dar pasos… cada cuál, con las fuerzas que tuviera, con el estilo que tuviera… siempre de la mano, siempre atentos a quien tropieza, a quien pierde el paso, a quien se retira del camino a descansar, o a replantearse,… Interesante curiosidad esta…

Ha pasado un curso, y toca reflexionar sobre lo hecho, las opciones, las decisiones, los aciertos… y reemprender el camino hacia un horizonte que nunca se alcanza…

Importan más las vías que la meta?

He encontrado este símil sobre la historia de la Unión Soviética… que me vale para una pequeña reflexión…

El tren se dirige hacia un futuro luminoso. De pronto: stop; se han acabado las vías. El conductor apela a la gente pidiendo que trabaje horas extras los sábados; se colocan más vías y el tren puede continuar su viaje.
A pesar de ello, se acaban de nuevo las vías. El conductor obliga a salir a la mitad del tren y obliga a colocar vías nuevas. El tren se pone en marcha.
Cuando se acaban las vías ordena desmontar las que el tren ha dejado atrás y colocarlas delante de la locomotora. Cuando se vuelven a acabar las vías dispone que se corran las cortinas de las ventanillas y que se balanceen los vagones de tal manera que los pasajeros crean que el tren continúa en marcha…

Cualquier grupo humano precisa de algún tipo de meta, de horizonte que guíe sus pasos… pero precisa también de un camino que andar, de un proyecto. Necesita plantearse a dónde quiere llegar… pero también cómo quiere llegar.

Pero en ocasiones, nos sucede un poco como a los del tren: se nos acaban las vías, las ideas, la noción de cómo avanzar, cómo crecer, cómo lograr el objetivo común…

Y, claro, podríamos hacer muchas cosas:

  • esforzarnos más, para buscar como sea nuevas vías…
  • echar la culpa a parte del grupo del problema…
  • reutilizar las ‘vías recorridas’, en la intención de que lo que en algún momento sirvió, también lo haga ahora…
  • fingir que avanzamos…

Y, en cualquier caso, permite continuar un tiempo avanzando (o creyendo que), pero tarde o temprano, volvemos a la necesidad de encontrar un camino…

Un Camino…

Nos gustaría encontrar el camino de baldosas amarillas de Oz, que continúa siempre ante nosotro/as, incluso si no sentimos las fuerzas…

Otras veces, el problema es al contrario: tenemos vías para recorrer el mundo… y no sabemos bien hacia dónde orientarnos!
Y el horizonte se extiende, amplio y ambigüo, a nuestro alrededor, mostrando, burlón, una infinidad de metas…

Todo esto me recuerda un poema, que se explica por sí mismo:

De noche iremos, de noche,
sin luna iremos, sin luna,
que para encontrar la fuente
sólo la sed nos alumbra