Vivimos en un mundo en que se valora una cierta capacidad de abstracción ante lo que sucede a nuestro alrededor. Como si vivir de espaldas a lo que nos rodea fuera algo a buscar.
Mientras leemos, en los transportes públicos, por la calle, en las playas, campo,… intentamos evitar el contacto con los otros, incluso cruzar la vista.
En ocasiones, si me encuentro con unos ojos frente a los míos, no sé si sonreír, esquivarlos o pedir perdón, como si me hubieran descubierto espiando a alguien.
No estoy seguro si es por miedo a que se entienda como debilidad ese dejarnos afectar por nuestro entorno. O si es por nuestro deseo de ser nosotros mismos, sin mezcla de nadie.
Sin embargo, creo firmemente que crecemos junto a las personas que nos rodean, que en la medida que nos dejemos envolver de las vidas, alegrías y dolores de quienes están con nosotros, somos menos nosotros mismos, sino nuevas personas, con nuevos matices.
Reconozco en mí gestos, ideas, frases,… que me recuerdan a personas que de una u otra manera forman parte de mi historia, de mi propia vida, incluso aunque por diferentes razones ya no estén junto a mí.
Y en esos gestos, ideas, frases,… me siento no mejor, sino más completo.

♩♪♫♬Contamíname, mezclate conmigo, debajo mi rama tendrás abrigo… ♩♪♫♬http://www.youtube.com/watch?v=GwvxMRiqb1w