Aún no había escrito nada sobre el fin de la violencia anunciado por ETA en octubre. El caso que, evidentemente, también yo tengo mi opinión… y también yo venía dándole vueltas a este tema, pero… se ve que las estrellas no estaban alineadas.
Hasta que hoy he oído en la SER a Gabilondo hablando con alguien que ha venido a decir algo así como que en política no se puede conseguir siempre lo que uno quiere. No cito, porque no recuerdo la frase exacta. De hecho, quizá sea mi interpretación de lo que esa persona ha intentado decir. Vaya por delante.
Y es que, ciertamente, sólo mediante la violencia uno puede pretender conseguir todo lo que quiere. Si vamos a medios más… civilizados (mmm, no sé si usar esta palabra refiriéndome a la política, pero ahí la dejo), se supone que hay una parte de intentar dar razón del porqué de tu postura, un escuchar la del otro, un intentar consensuar,…
Sí, ya sé que peco de ingenuo (al menos, en lo que escribo) y que a menudo, los factores que hacen orientar una decisión en un sentido u otro no siempre dependen de la capacidad de convicción de alguien, pero demos un pequeño margen de confianza, al menos a mi hipótesis.
Se supone que deberemos encontrarnos en la mitad, asumir que algo perderé de mi postura, que algo perderás tú de la tuya… y que al final, el resultado no será ni tuyo ni mío, sino de los dos…
Y es que cuando decimos que ETA abandona las armas, y que únicamente la política decidirá el devenir… parece que obviamos que hay diferentes posturas sobre cómo acercarse a esa realidad (es una realidad) que reclama la independencia, la soberanía, la autodeterminación,… cada uno, seguramente, con sus ideas, sus matices,…
Y que, por supuesto, si aceptamos que hablaremos con quien quiere la independencia (¿o es que tampoco querremos hablar con quien, desde la política, la reclame?), algo tendré que abandonar yo en el camino, y algo tendrá que abandonar él… y que finalmente, la solución estará entre ambos caminos…
Algo así como avanzar monte a través.
Supongo que soy un romántico.

Yo estoy con Taibo: Aunque el discurso dominante quiere hacernos creer lo contrario, la defensa cabal del derecho de autodeterminación es inexcusable. No vaya a ser que, si no la asumimos, aceptemos de buen grado las consecuencias de esa monserga que al cabo nos viene a decir que todo puede discutirse –es evidente, claro, que no es así– excepto la condición e integridad del Estado en que vivimos. Sobran las razones para afirmar que sólo cabe describir como democrática la configuración de una comunidad política, sea cual fuere ésta, cuando la adhesión a ella es plenamente voluntaria. En tal sentido, defender entre nosotros, por ejemplo, la configuración de un Estado federal sin antes haber garantizado la plena voluntariedad de las adhesiones a esa forma de Estado es, sin más, una aberración. Y lo es incluso para quienes, legítima y razonadamente, recelan de los Estados.
Besos. Toñi.
por cierto, la web del artículo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=139323