Una de las series que vemos con el peque es Lazytown, una serie islandesa con un superhéroe deportista (llamado Sportacus) y una villano perezoso (llamado Robbie Rotten o Robbie Retos).
Una de las cosas que me llaman la atención (y no sólo en esta serie) es que los malos siempre salen perdiendo y el bien siempre sale a flote.
Sin embargo, no es eso lo que la realidad nos muestra. Y los peques, con el tiempo, se van dando cuenta.
¿Por qué no intentamos ser más ‘realistas’? No es que no crea que no se pueden usar los relatos (narrados, vistos,… el formato da igual)… sino que intentemos reforzar mensajes diferentes, no los del éxito, sino los de la justicia. No es que no valore el lograr objetivos (lo podemos llamar éxito), sino evitar darle demasiado peso, y sobre todo, el lograrlo a toda costa.
Un ejemplo que se me ocurre aceptable es la película Cars (atención: desvelo el final, así que si a alguien le preocupa… que no siga leyendo).
Rayo McQueen es un coche que desea ganar la carrera, el campeonato, y lograr un contrato con un patrocinador importante. Sin embargo, durante la película se da un cambio en su forma de entender la vida y termina ‘tirando’ la carrera y ‘rechazando’ el contrato por otros valores.
Es una buena oportunidad para proponer a los peques otra forma de ver la vida: no siempre se gana, pero quizá la razón merece la pena.
No es que esté muy puesto en el tema, pero estos días veo en la televisión una guerra abierta y declarada por audiencias y nichos en el mundo de la prensa rosa…
El problema es que se está haciendo alrededor de la vida de una persona (Belén Esteban) que ni sé si me importa qué ha hecho o dejado de hacer.
Pero me parece que unos intentan ‘desbancarla’ de su trono de reina del show-business más amarillo, y otros, intentan acomodarse a su sombra y comer de las miguillas que caen.
Y mientras, como le dijo una vez Jesús Vazquez, ella sigue poniendo en juego su vida privada, mientras que todos los demás simplemente hablan, gritan, fingen enfadarse, ofenderse,… pero terminan yéndose a casa tranquilamente, a seguir con su vida privada, bien resguardada.
Y con el tiempo (y esperaría equivocarme), acabarán por desplumar su gallina de los huevos de oro, sin darse cuenta de que era, simplemente, una muchacha con su vida, sus miedos,…
Hoy he visto en el canal Odisea un documental de Explora Films, titulado Los Últimos Hombres Libres: la tierra sin dueños.
En general me ha parecido un documental interesante (no soy antropólogo, así que me acerco simplemente con curiosidad), pero he disfrutado mucho de la parte dedicada a la tribu de los bororo (pastores nómadas de la zona del Sahel).
En el sur de Níger nos encontramos con los misteriosos bororo. Un grupo fulani que convive desde antaño con el pueblo tuareg. Profesan un extremado culto a la belleza. En sus fiestas del worso, los hombres se acicalan exageradamente para sorprender a las mujeres. Sus ojos y sus dientes son de un blanco luminoso. Sus gestos y muecas acentúan sus rasgos finos y delicados.
Los gestos que hacen los hombres durante la danza, sus maquillajes, sus vestidos,… hacen pensar en ellos como en actores frente a su público.
Otra parte con la que he disfrutado es al final, cuando el músico se sienta entre ellos y, mientras cantan, van improvisando mezclas de músicas, ritmos, sonidos,…
Me ha parecido un ejemplo de cómo es posible crear lazos entre dos sociedades, dos culturas, dos formas de entender todo… siempre que haya un verdadero interés en conocer y respetar la realidad de la otra persona.
Una escena final, en que se ve cómo todos juntos ven las imágenes en el monitor “hasta que se acaban las baterías”, dicen en el documental, me pareció especialmente bella.
Es el título del corto con el que Francisco Teixeira de Sampayo ha ganado MyWorld, un festival de cortos de la BBC.
Quizá para quienes hacen de la política un juego, o su ocupación, postergar durante meses las medidas,…
O esconder la duda o la incapacidad detrás de ‘búsquedas de consenso’…
No tenga importancia.
Últimamente me doy cuenta de que cosas que etiquetaba como Solidaridad (mensajes, documentos o simplemente ideas), ahora lo hago como Justicia.
Y haciendo un poco de introspección (creo que a esto es a lo que yo llamo hacer eco), creo que no es una cuestión de significado de las palabras en sí. No intentes corregirme. No hablo de lo que las palabras significan, sino de lo que me dicen a mí.
Solidaridad, al menos como la he usado habitualmente, me da una cierta idea de resignación, de bajar los brazos, situarme al lado de la otra persona y llorar juntos, en silencio.
Y en ocasiones, es quizá la única salida digna.
Sin embargo, creo que en ocasiones debemos tomar partido, no estar simplemente al lado llorando, sino denunciando, reivindicando, gritando tan alto como podamos, de parte de quien no tiene ya fuerzas, voz o siquiera lágrimas. O quizá nunca la ha tenido porque hemos inventado unas reglas que nos sitúan a un lado u otro de no sé qué línea.
Y creo que eso es de Justicia.
Estos días, el peque de la casa está lidiando con habilidades a las que hasta ahora ni siquiera prestaba atención… Abrir o cerrar el cinturón de un asiento no entraba en su horizonte hasta ahora.
Claro que hay cosas que son más fáciles (cerrar el cinturón) que otras (abrirlo), y en ocasiones se encuentra en medio de una situación comprometida: sentado en el triciclo, con el cinturón cerrado y sin poder salir.
Y entonces llama: “Papá”
No basta con saber hacer algo… hay que saber cuándo hacerlo, en qué circunstancias…
Hay que saber saber.
Sino, puede suceder que nos encontremos con el cinturón abrochado, sin saber cómo liberarnos, y sin posibilidad de pedir ayuda.
Mi mesa cojea (blog de Jose A. Perez) recibió el otro día el premio Buber como mejor Blog vasco… cosa que su autor rechazó, explicando que
lo rechazo porque los Premios Buber son una herramienta de propaganda demasiado descarada para mi nivel de tolerancia. Demasiado insultante. Una herramienta para que nuestros políticos y los responsables de sus chiringuitos puedan aparecer en titulares regionales junto a la brillante palabra Internet.
Y es que los blogs, y el desarrollo web 2.0 ha hecho posible que cada persona pueda tener un altavoz con el que decir lo que le parezca oportuno.
Es cierto que no porque cada cual tenga su altavoz haga más cómodo del diálogo… ni que el hecho de que yo mismo tenga uno garantice que tenga razón en aquello que diga.
Pero sí es cierto, creo, que es un mecanismo difícilmente controlable. No sólo temas ahora en debate como la neutralidad de la Red o la piratería, sino también el propio hecho de que una persona individual pueda tener tanto público como un medio de masas… puede ser incómodo para ciertos intereses.
Más allá de coincidir o no con Mi mesa cojea, creo que es, sin duda, interesante que se fomente la utilización de cualquier medio para conocer la opinión de otras personas.